César Faz se muda a Monterrey, México, después de que los St. Louis Cardinals lo despidieran de su trabajo como encargado de la casa club. Allí conoce a niños locales guiados por el Padre Esteban, que disfrutan del béisbol; toma al lanzador Ángel Macías bajo su protección y se jacta de sus propias habilidades de lanzamiento y de cómo solía entrenar a los Cardenales. Ángel convence a César para que ayude a reclutar y entrenar al primer equipo de Pequeñas Ligas de Monterrey. Con las habilidades de César y el apoyo del Padre Esteban, los chicos se perfeccionan hasta convertirse en un equipo competitivo digno de la competencia internacional. En el juego final de la Serie Mundial de Pequeñas Ligas, los Industriales de Monterrey derrotan al equipo de West La Mesa, California, con un marcador de 4-0. Enrique Suárez conectó un jonrón con las gradas y Ángel Macías lanzó el denóminado «juego perfecto», una hazaña que no se ha repetido en la historia de la Serie Mundial de Pequeñas Ligas.
Al llegar a los Estados Unidos, el equipo se topa con actos de racismo, la barrera del idioma y problemas de visado. A pesar de ser los menos favorecidos, el equipo neoleonés consigue una serie de victorias que les granjean el cariño de los medios y de los nuevos aficionados. Se hacen amigos de Frankie, un periodista deportivo, y de Cool Papa Bell, el jardinero, quienes les ayudan a llegar a la final.